Sedimentación carbonatada y diagénesis
En mares poco profundos se acumulan restos de organismos marinos y carbonato cálcico. Con el tiempo, el peso de los materiales que se depositan encima compacta los sedimentos y la cementación los transforma en roca. Así se forman las capas de caliza y dolomía que constituyen el sustrato del paisaje.
Disolución kárstica
El agua de lluvia incorpora dióxido de carbono del aire y del suelo, por lo que adquiere una ligera acidez. Al atravesar la roca, esta agua reacciona con el carbonato cálcico de la caliza y lo transforma en una sustancia que puede ser transportada disuelta por el agua. De este modo, poco a poco, la roca va perdiendo material.
Erosión diferencial
No todas las rocas se desgastan al mismo ritmo. En la Ciudad Encantada, la caliza y la dolomía presentan distinta resistencia frente a la disolución y a la erosión. Por eso algunas partes retroceden más deprisa que otras y quedan formas en voladizo o con aspecto de seta, como los tormos.
Gelifracción e intemperismo
Además de la disolución, la roca también se rompe por procesos físicos. Cuando el agua penetra en poros y fisuras y después se congela, aumenta de volumen y ejerce presión sobre las paredes de la grieta. La repetición de este proceso termina desprendiendo pequeños fragmentos y desgastando bordes y aristas.
Lapiaz / lenar y callejones
En la superficie, el agua que circula por la roca va formando surcos y acanaladuras: es el lapiaz o lenar. En profundidad, el agua aprovecha las fracturas de la roca y las va ensanchando. Cuando estas fracturas se hacen más amplias, pueden originar los callejones característicos del paisaje de la Ciudad Encantada.