El estudio de la organización del espacio europeo revela una profunda desigualdad interna. El Pentágono Europeo (delimitado por Londres, París, Milán, Berlín y Hamburgo) funciona como el auténtico "Centro" neurálgico del continente.
Este espacio reducido acoge apenas al 20% de la población de la UE pero genera prácticamente el 50% de su Producto Interior Burto (PIB). Esta asimetría se debe a la acumulación histórica de conurbaciones metropolitanas, sedes de toma de decisiones políticas y financieras, centros de investigación de alta tecnología (I+D+i) e industrias de alto valor añadido.
La estructura del transporte europeo es de carácter radiocéntrico hacia este núcleo. Las grandes infraestructuras multimodales y redes de alta velocidad consolidan corredores macroeconómicos como la histórica Dorsal Europea o "Banana Azul". Para países periféricos como España, la conexión con este corazón comercial a través de los corredores prioritarios (Atlántico y Mediterráneo) resulta vital para evitar el aislamiento de los flujos de mercancías.
Para mitigar los efectos desarticuladores de este modelo polarizado, la Unión Europea articula sus políticas territoriales mediante los Fondos Estructurales (como el FEDER). El gran objetivo comunitario actual es la transición hacia un modelo policéntrico, potenciando capitales periféricas secundarias que equilibren los flujos de riqueza y cohesionen el mapa europeo.